Una especie suele definirse
como
Conjunto
de individuos capaces de reproducirse entre sí dando lugar
a descendientes fértiles.
Esta definición
es útil desde el punto de vista evolutivo, pues pone de manifiesto
que las especies son unidades que cambian a lo largo del tiempo y
también porque propone un medio objetivo para determinar qué
organismos pertenecen a este taxón, cosa que no ocurre con
otras categorías taxonómicas cuya pertenencia es arbitraria.
Por ejemplo,
según esta definición, el perro y el lobo pertenecerían
a la misma especie, pues pueden dar descendientes fértiles,
mientras que el caballo y el burro son especies diferentes porque
los híbridos, los mulos, son estériles.
Sin embargo, existen muchas
complicaciones a la hora de establecer qué individuos pertenecen
a una especie, como, por ejemplo:
- Organismos que puedan
cruzarse pero los descendientes sean menos viables.
- Poblaciones que se
cruzan en unas zonas y en otras no lo hacen
- Formas poliploides
en plantas.
Pero el mayor problema
lo plantean los seres vivos carentes de reproducción sexual,
para los que no es aplicable esta definición.
En este caso se recurre
a la definición morfológica, que considera organismos
de la misma especie a aquellos que tienen una forma, un tamaño,
una conducta y un hábitat similares, permaneciendo estos rasgos
comunes constantes a lo largo del tiempo.
Ejemplo de especie morfológica es el de las bacterias que nunca
tienen reproducción sexual.
Especie en Wikipedia