La erosión es
mucho más importante en materiales alterados física
o químicamente, es decir, meteorizados.
Los movimientos atmosféricos
dan lugar al viento, agente geológico
capaz de movilizar arcillas y arenas, sobre todo en zonas áridas,
pero con una importancia indirecta mucho mayor en la geomorfología
terrestre:
En primer lugar es capaz de disolver agua, transportarla a otros
lugares como vapor y precipitarla de nuevo en forma de lluvia
o nieve.
Este agua que circula
sobre el terreno, al tener una densidad mucho mayor que el aire,
es el principal agente geológico externo del planeta.
El agua en forma líquida
(ríos y torrentes) o
sólida (glaciares) recorre la superficie
de las áreas emergidas a favor de la gravedad disolviendo,
erosionando, transportando, sedimentando y precipitando materiales
de tamaño variado.
Parte del agua superficial
se infiltra en materiales permeables circulando bajo la superficie
(aguas subterráneas) disolviendo, precipitando
y meteorizando materiales y disminuyendo el rozamiento entre partículas
de modo que acentúa los fenómenos de ladera.
Otra acción
del viento es movilizar el agua oceánica. La persistencia
de los vientos dominantes provoca las corrientes oceánicas
superficiales que transportan calor y determinan en gran parte
el clima local, regional y global de la Tierra.
El viento es también
el responsable de la formación de las olas.
La dinámica costera está determinada por éstas
y es tan intensa que supera generalmente al resto de los agentes
geológicos de un área litoral. Las olas erosionan
las zonas expuestas creando acantilados y plataformas de abrasión.
Producen corrientes litorales que transportan
los materiales costeros erosionados y los aportados por los agentes
externos, depositándolos en áreas costeras (playas,
marismas, albuferas, ...) o en la plataforma continental.
La acción de las mareas en los grandes océanos hacen
que la influencia de olas y corrientes litorales sobre la costa
se acentúe.
Los seres vivos
también actúan como agentes geológicos.
Una de sus acciones es la de aportar sedimentos, principalmente
de sus esqueletos calcáreos o silíceos, aunque en
determinadas circunstancias, también de restos orgánicos
que son el origen del carbón y del petróleo.
Algunos organismos marinos, sobre todo corales, son capaces de
crecer sobre sus propios restos esqueléticos formando acumulaciones
imponentes conocidas como arrecifes que pueden llegar a tener
varios kilómetros de potencia en zonas de subsidencia (hundimiento).
Por su parte la cubierta vegetal de los continentes tiene gran
importancia geomorfológica sujetando materiales sueltos
con sus raíces, disminuyendo así la erosión
y alterando la química de los suelos modificando la meteorización
que sufren.