La erosión
es mucho más importante en materiales alterados física
o químicamente, es decir, meteorizados.
Si las pendientes
producidas (por los procesos internos o por la erosión o
sedimentación de agentes externos) son importantes puede
ser suficiente para que se rompan las rocas o deslicen los materiales
sueltos por las laderas. (Procesos gravitacionales
o fenómenos de ladera)
Las zonas con
pendiente insuficiente para deslizarse o desprenderse son movilizadas
por los agentes externos. El movimiento de éstos es producido
fundamentalmente por la radiación solar.
La cantidad de radiación que absorbe la Tierra en diferentes
áreas es muy variable, depende fundamentalmente de la latitud
y la estación del año pero intervienen muchos otros
factores como nubosidad, albedo, topografía, etc. La diferente
absorción solar genera diferencias de temperatura que producen
corrientes de convección principalmente atmosféricas.
Los movimientos
atmosféricos dan lugar al viento,
agente geológico capaz de movilizar arcillas y arenas, sobre
todo en zonas áridas, pero con una importancia indirecta
mucho mayor en la geomorfología terrestre:
En primer lugar es capaz de disolver agua, transportarla a otros
lugares como vapor y precipitarla de nuevo en forma de lluvia o
nieve.
Este agua que
circula sobre el terreno, al tener una densidad mucho mayor que
el aire, es el principal agente geológico externo del planeta.
El agua en
forma líquida (ríos y torrentes)
o sólida (glaciares) recorre la superficie
de las áreas emergidas a favor de la gravedad disolviendo,
erosionando, transportando, sedimentando y precipitando materiales
de tamaño variado.
Parte del agua
superficial se infiltra en materiales permeables circulando bajo
la superficie (aguas subterráneas) disolviendo,
precipitando y meteorizando materiales y disminuyendo el rozamiento
entre partículas de modo que acentúa los fenómenos
de ladera.
Otra acción
del viento es movilizar el agua oceánica. La persistencia
de los vientos dominantes provoca las corrientes oceánicas
superficiales que transportan calor y determinan en gran parte el
clima local, regional y global de la Tierra.
El viento es
también el responsable de la formación de las olas.
La dinámica costera está determinada por éstas
y es tan intensa que supera generalmente al resto de los agentes
geológicos de un área litoral. Las olas erosionan
las zonas expuestas creando acantilados y plataformas de abrasión.
Producen
corrientes litorales que transportan los materiales
costeros erosionados y los aportados por los agentes externos, depositándolos
en áreas costeras (playas, marismas, albuferas, ...) o en
la plataforma continental.
La acción de las mareas en los grandes océanos hacen
que la influencia de olas y corrientes litorales sobre la costa
se acentúe.
Los seres
vivos también actúan como agentes geológicos.
Una de sus acciones es la de aportar sedimentos, principalmente
de sus esqueletos calcáreos o silíceos, aunque en
determinadas circunstancias, también de restos orgánicos
que son el origen del carbón y del petróleo.
Algunos organismos marinos, sobre todo corales, son capaces de crecer
sobre sus propios restos esqueléticos formando acumulaciones
imponentes conocidas como arrecifes que pueden llegar a tener varios
kilómetros de potencia en zonas de subsidencia (hundimiento).
Por su parte la cubierta vegetal de los continentes tiene gran importancia
geomorfológica sujetando materiales sueltos con sus raíces,
disminuyendo así la erosión y alterando la química
de los suelos modificando la meteorización que sufren.
El transporte
diferencial de los materiales que realizan los agentes externos
puede dar lugar a la acumulación local de determinados sedimentos,
minerales o precipitados, lo que se conoce como diferenciación
geoquímica.
Los sedimentos
movilizados por los agentes externos terminan en su mayoría
depositados en las plataformas continentales.
En estas zonas pueden permanecer indefinidamente y sólo son
movilizados por las corrientes de turbidez (grandes
deslizamientos del borde del talud continental) que los transporta
a los fondos oceánicos, o por procesos tectónicos
de choque de placas que los pliegan y elevan formando nuevas cordilleras.
En su conjunto,
los agentes geológicos externos tienden a nivelar la topografía
y lo hacen de una manera rápida a escala geológica,
de modo que, si no fuera por la geodinámica interna hace
tiempo que toda la superficie terrestre se encontraría arrasada
y bajo el nivel del mar.